miércoles, 11 de abril de 2012

lunes, 9 de abril de 2012

No mueres nunca, Cachorro.

Dicen que expiras, Cachorro; Pero muchos aún no se han dado cuenta que tú, no mueres nunca Señor.


No mueres, porque eres Señor de la vida; Vida que das ciento por uno.


Porque eres amo de esa luz y de ese cielo que tú posaste en esa Triana de tus entrañas...


No mueres, porque de tu boca de dulzura mana el aura y la brisa; el aliento y la fuerza con la que suspira Triana y Sevilla...


No mueres nunca, porque ese madero vertical que te sostiene es también el Norte del corazón de los tuyos.


No mueres nunca, porque si lo hicieras; No existiría Triana. Y no lo haces, porque al tercer día de la Pasión revives otra vez.


Dicen que expiras, que te mueres, Cachorro;
Y no es verdad, porque tu boca entreabierta...
Tus ojos perdidos...
Tu escorzo imposible...
Y tu grito callado lo dice.

NO MUERES NUNCA, CACHORRO.

A Dª Nuria Iglesias Casademunt.
Que me inculca la devoción de su Cristo.

domingo, 8 de abril de 2012

Ven a mi vida, Señor



Fueron innumerables,
las veces que te busqué.
Incontables, las veces que fuí
a tu encuentro.

Infinidad de veces, las que me sumé
en una muchedumbre que aclamaba tu paso.

Y al final, junto a la Aurora
en un Guadalquivir de ensueños
en la madrugada del tercer día
en la consumación de todo:
Viniste a mí.

Viniste y tocaste ese corazón inquieto,
en el que, torpe de mí;
tu habitabas siempre.

jueves, 29 de marzo de 2012

Salmo 22


Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?,
¿por qué no vienes a salvarme?,
¿por qué no atiendes a mis lamentos?
Dios mío,
día y noche te llamo, y no respondes;
¡no hay descanso para mí!
Pero tú eres santo;
tú reinas, alabado por Israel.
Nuestros padres confiaron en ti;
confiaron, y tú los libertaste;
te pidieron ayuda, y les diste libertad;
confiaron en ti, y no los defraudaste.

Pero yo no soy un hombre, sino un gusano;
¡soy el hazmerreir de la gente!
 Los que me ven, se burlan de mí;
me hacen muecas, mueven la cabeza
 y dicen:
“Este confiaba en el Señor;
pues que el Señor lo libre.
Ya que tanto le quiere, que lo salve.”


Y así es:
tú me hiciste nacer del vientre de mi madre;
en su pecho me hiciste descansar.
 Desde antes que yo naciera,
fui puesto bajo tu cuidado;
desde el vientre de mi madre,
mi Dios eres tú.
 No te alejes de mí,
pues estoy al borde de la angustia
y no tengo quien me ayude.
Soy como agua que se derrama;
mis huesos están dislocados
 Como perros, una banda de malvados
me ha rodeado por completo;
me han desgarrado las manos y los pies.
 ¡Puedo contarme los huesos!
Mis enemigos no me quitan la vista de encima;
 se han repartido mi ropa entre sí,
Mi corazón es como cera
que se derrite dentro de mí.
 Tengo la boca seca como una teja;
tengo la lengua pegada al paladar.
¡Me has hundido hasta el polvo de la muerte!
y sobre ella echan suertes.
  
Pero tú, Señor, que eres mi fuerza,
¡no te alejes!, ¡ven pronto en mi ayuda!